Lobarrido es siempre una invitación, un convite, una intención. Nos dicen "Pásele a lo barrido" para conocernos otro poco, para comer, beber, reir. Así como la novia se peina la casa se barre; como el pretendiente, muy de vez en vez, bolea sus zapatos la casa se barre; como el ñoño usa varios colores –uno para las mayúsculas, otro para la fecha, otro más...– la casa o la fonda o el lobby o el puesto se barren.

Lo más chingón es que al final hay que volver a barrer. Y si se puso bueno incluso hay que trapear.

noviembre 13, 2009

En las ferias de libros

se venden muchas estampitas. La gente no quiere leer libros, quiere tenerlos en el librero y leer de vez en cuando una revista mientras caga; quiere tener una taza con una frase chistosa o un aforismo o un verso de Paz; quiere vagar por la feria de libros (como lo haría por el outlet o por la galería) buscando una oferta cuatroporuno irresistible mientras avanza la tarde. Bien por las estampas, bien por los libreros, bien por las revistas, bien por el café.


Quizás habrá que aprender de las posiblidades comunicativas del Facebook o del Twiter; quizá tengamos que fusionar la casa editorial con la compañía telefónica para que nos lleguen microcuentos o haikús directo al celular; quizá situar la literatura fuera de su tieso mundo editorial y estamparla en las calles, en playeras, en canciones, en servilletas; quizá imprimir en papel higiénico: léase y límpiese.

O quizá me equivoco, yo cómo voy a saber lo que la gente espera de la literatura. Pero sí sé que la estrategia del wey del estand junto al mío, leyendo sus poemas con altavoz y vendiendo sus fotocopias, no me convence.

noviembre 05, 2009

Try Your Wings

Té de canela / the tiniest bluebird / baja temperatura / you've been afraid.

Hungry for the sound / sorbiendo lento / this tender advice / mal tiempo.

Never comes twice & lavarse los dientes.

octubre 28, 2009

Costera Miguel Alemán

por la mañana
la ciudad se cree playa
y viceversa

octubre 18, 2009

Dolor lumbar

Cada vez que los comerciales interrumpen la película le hormiguean los pies y se revuleve entre las sábanas desesperado. No es por interés cinematográfico: son unas putas ganas de tirarse de la cama sin meter las manos, de azotar en el suelo duro y frío una cabeza que no deja de darle vueltas al asunto, de llorar un poco. Si pudiera hacerlo, la imagen sería poética y patética: la camara se sitúa en una esquina del dormitorio a ras de piso y enfoca en primer plano su cabeza que suelta por fin una lágrima; al fondo, la pantalla muestra la secuencia de una linda asiática feliz entre flores y destellos donde todo es levedad. Flower by Kenzo.

Pero no azota ni logra concluir sus pensamientos. Para bien o para mal, duran poco los anuncios en la televisión pagada y agradece su propia capacidad de receptor porque adentrarse en cada escena le resulta fácil. Mientras no interrumpen nuevamente los comerciales, su mente descansa porque él mismo ya no es él sino Jason Bourne. Entonces la lágrima que no logró salir va a dar al riñón y se acumula.

Por la mañana lo despiertan las revoluciones en su cabeza. Apaga la televisión porque odia los noticieros.

septiembre 29, 2009

En el transporte público

nadie se mira de frente: todos elegimos un punto fijo o perdido y mantenemos la vista en él para no ver de frente los ojos del pasajero más cercano. Pero esto no quiere decir que no veamos a la gente alrededor nuestro ni significa que la curiosidad ya no existe. Por el contrario, la curiosidad y las ganas de ver a la gente nos llevan a desviar miradas y a mirar de reojo o fugazmente. Todos nos sentimos observados y nos sabemos observadores pero son pocos los pasajeros que buscan la interacción con el otro. Locos, raros, incómodos, ofensivos. Cada vez somos más los que llevamos audífonos puestos. Seguimos siendo pocos los que llevamos libro abierto, pero ahora en el metrobús ya hay televisión, así que los ojos ya no deben buscar el falso punto entre el tubo y la ventana sino simplemente mirar hacia el frente, un poco arriba y sonreír de vez en cuando con los tropiezos de la gente en la pantalla.

No confundir este tetxo con una crítica a la burbuja que cada quien crea durante el trayecto ni con nostalgia de la combi pesera; no comparar con la guagua cubana o con el taxi colectivo provinciano. Creo que está bien aprovechar los 40 minutos de trayecto en el metro para leer un rato y que no tengo porqué interactuar diariamente con todos los desconocidos que se sientan a mi lado. Mi inconformidad surge cuando la situación es trasladada a la fonda en la que dos televisores programan a la hora de la comida a la familia peluche y sus gritos (los gritos en la televisión mexicana ameritan otra entrada) y sus estruendosos e hipnóticos defectos especiales. Entonces sí me caga que no se pueda platicar con nadie, ni desconocido, ni comensal, ni mesera, ni mesero; no se vaya uno a perder uno de los chistes de Derbez, que además hace ya muchos años que dejaron de ser buenos.

septiembre 21, 2009

Paso de baile

Alguien puso la nota justa en el momento; los colores y la luz tan solidarios; la armonía. Y con la mirada sobre los hombros de ella, él se vio a sí mismo un poco por dentro. No fue tanto un mirarse las ideas o las tripas como un sentirse ahí: vibrante, vivo, afortunado. Alguien puso el golpe en los tambores; la palabra y el timbre tan propensos; la ventaja. Y con la respiración de ella entre las cejas, él notó por un momento sus esencias. Las de ambos distintas pero fugazmente afines: inmediatas. Luego vino el momento de girar.

septiembre 15, 2009

Segundo piso

gris sobre grises
una bandera emerge
del horizonte