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junio 27, 2013

La caída

Supongo que todo es posible. Pero es más fácil cambiar el pasado que el futuro; así como es más fácil lavar la mancha de vino que prevenir la caída de la copa.

febrero 15, 2011

Tiempo al tiempo

A Lisanti

Esperar lo que ya pasó. Extrañar lo que nunca fue. Supongo que se parecen mucho estos dos sentimientos que confunden algo tan irreductible como el tiempo que todo lo oxida, que todo lo germina.

Supongo que nos acostumbramos a estas cosas que pasan y nos dan vida; la costumbre se vuelve a veces ley –como la gravedad– pero no es más que una cuestión de ubicación –como la gravedad–. Y luego venimos a querer doblar el tiempo a nuestro antojo esperando que vuelvan las costumbres, cuando están hechas para mantenerse unos pasitos atrás nuestro.

Supongo también que no nos acostumbramos a que ciertas cosas nunca pasen; las carencias se vuelven deseos tan fuertes a veces, que comenzamos a desear como quien extraña, con la certeza del que ya tuvo algo. Puedo, por ejemplo, extrañar unos labios que nunca besé como si ya lo hubiera hecho.

Todo es entonces una cuestión de tiempo. De entender cómo avanza y de estirarlo a veces para, mejor, esperar lo que viene.

agosto 24, 2010

Animales alborotadores

a Majo

Supón primero que tus recuerdos forman un montoncito en algún rincón de tu inmensa e iluminada mente. Probablemente al hacerlo, se están corporeizando esos recuerdos dentro de tu imagen mental. Para efectos prácticos supongamos que les diste forma de canicas y textura más bien como de gomitas dulces. Ahí están en el rincón, que en la imagen que estamos creando ya no es tanto un rincón sino que quedó en el centro de la blancura inmensa.

Supón ahora que cada pelotita la puedes tomar con dos dedos y de pronto estar dentro de ella; recordar, pues. Eso no implica que la inmensidad exterior haya desaparecido; en algún momento saldrás a ella otra vez y de regreso a esa hoja en blanco te sentirás solo (o sola, suponiendo que seas mujer).

Pero la mente no sólo contiene el montoncito de recuerdos. Seguramente ya viste por allá, a lo lejos, un montoncito de ideas que parecen frijolitos; más para acá, al girar el cuello, una montaña de prejuicios; del otro lado se acumulan ciertos lazos... de pronto la mente ya no parece tan inmensa aunque lo sea.

Y pasa, así de pronto, revoloteando uno que otro deseo. (La frecuencia de estos animales alborotadores de la mente dependerá de cada quien, supongo yo.) Pasan volando por sobre nosotros y cagando sobre las canicas de uno u otro bulto y supongo que es normal: los sueños nos desasosiegan, nos empañan los recuerdos, hacen nidos entre las ideas germinándolas y en general alborotan todo. Son la vida dentro de esa parsimonia de paisaje.

noviembre 24, 2009

De lo perdido, lo encontrado

Supongo que perder un amor debe ser fuerte. (Simplemente de pronto ya no estaba, lo dejaste ir, llegaste con tu amado para dárselo envuelto en una cajita roja que llevabas en el pantalón pero, ¡puf! tu amor ya no estaba ahí y no te quedó de otra que regalarle un beso. Un tierno objeto éste: el amor; escurridizo, efímero, escapista.) Supongo que si luego encuentras un poco de cariño por ahí tirado y lo levantas y lo cultivas riegas podas limpias, puedes alguna vez volver a llenar esa cajita roja. Supongo que eso es la felicidad de la que tanto te han hablado, o eso crees.

agosto 29, 2009

Filosofía en las rocas

Supongo que pasa porque la gente es amante de la ficción; todos llevamos un creador adentro. No son mentiras, entonces, lo que andan diciendo, sino cuentos. Y supongo que debo acostumbrarme a que mi vida social (o por lo menos mi fama) no dependa de mis hechos, sino de lo que la gente reporta sobre esos hechos. ¡Salud!

marzo 11, 2009

se da en los árboles

a Mariana

Si de verdad hay poesía en las piedras, en los musgos o en los libros de cocina / la tarea del poeta no es ajena a la del niño / que se asombra con las huellas de sus pasos.

enero 15, 2009

La óxidación es reducción

Los pedales se oxidan y se caen. Ahí va uno rodando sobre el asfalto y un señor amaga con recogerlo, pero parece que el traje no lo permite. Regreso, lo tomo y de cojito vuelvo a casa a guardar la bicicleta.

Uno supondría que las cosas se oxidan por falta de uso o por exceso de agua. Pero los pedales se han usado mucho últimamente y no les ha llovido (una leve chispeadita hace 2 días, nada importante) así que supongo que el óxido es otra de esas cosas caprichosas que se dan de pronto.

Supongamos pues, que un día el capricho me oxida y caigo, cual pedal de bicicleta, en plena calle. O supongamos mejor que me oxido en esta misma silla, con un índice en la efe y el otro en la jota. No vayamos, por favor, a suponer que me oxido incompleto (sólo un huevo o un hombro o mi rodilla que ahí va), imaginemos una atrofia general y definitiva que me reduzca.

Me pregunto si ese día me pasará lo mismo que al pedal que todavía traigo en la mochila completamente olvidado hasta este preciso momento en que, adrede, traté de recordarlo. Supongo que el olvido sería sólo uno de los posibles destinos, ni el más ni el menos afortunado.

noviembre 11, 2008

albedríos

Supongo que es bueno hacer lo que uno quiera. Pero es mejor querer lo que uno hace.

septiembre 24, 2008

Dos trapecios sin red

Hay familias que suponen que el deseo es malo: desear es inconformarse con las cosas, buscar ganancia, rondar el pecado. Sin embargo hay familias que suponen que lo malo es el recuerdo: la añoranza es el conformismo, el estarse quieto, el no progresar. Supongo entonces que, sin importar el apellido, desear y recordar está jodido. Y juntos, peor.

agosto 19, 2008

Perder el sentido

Supongo que caer es esto: desvanecerse, perder el sentido. Pero si la evaporación fuera perfecta la caida nunca tendría fin ni tocaríamos fondo. A menos, quizá, que supongamos un fondo más cercano; un fondo total que por estar en todas partes está todo el tiempo; un fondo dios.

Supongo entonces que no debo preocuparme tanto (o me vendo esa idea): caer es supremo.

julio 14, 2008

Se van las cosas

Además está el cielo estrellado. Supongo que eso es bueno y que, después de todo, las cosas siguen en su sitio. No averiguo si hace unos quince o veinte minutos alguna de las estrellas que vemos desde acá, ha dejado de alumbrar desde allá o ha expotado. Prefiero suponer que su luz estará ahí lo que dure la noche.

Y además está el viento que lleva y trae aromas.

junio 11, 2008

La piedra en el zapato

Supongo que la piedra en el zapato nos invita a que, mediante las periódicas sacudidas y la constante molestia, recordemos que es nuestro el pie que nos lleva. Supongo que el zapato, mediante la constante protección, es el causante de que olvidemos que es nuestro el pie que nos lleva. Supongo que nuestro pie que nos lleva nos invita, mediante los periódicos cambios piso-aire-piso y el constante movimiento, a despreciar los zapatos a cierta hora y a encontrar a veces el alivio en las piedras. Y supongo también que nosotros somos, a lo mucho, los invitados a la conversación que se da entre la piedra, el zapato y el pie; escuchando desde arriba somos arrastrados sin saber a dónde.

mayo 14, 2008

Se repiten ciertas dudas

Pasan de largo pero siempre vuelven y algunas con más fuerza. Supongo entonces que la duda no es el péndulo que siempre creí, sino uno que nunca frenará, nunca quedará tranquilo en el punto central que es el más bajo. Pero quiero que, si estás imaginando el péndulo, lo imagines con una cuerda tan larga como para que la duda regrese mucho tiempo después y con una fuerza de columpio capaz de descalabrar. Mucho más honorable es la duda que da bien el chingadazo que la que hace el tictac del día a día. Y suponiendo que nuestro péndulo es un columpio de parque, hay de dos: lo esquivas o te subes a él. Ninguna opción te resolverá por sí misma la duda, pero una es más divertida.

abril 18, 2008

Puesto y seco, con lluvia afuera

A javo le gusta mucho Hig and Dry. Supongamos entonces que uno puede estar puesto y seco a la vez; sin drgoas, cabe aclarar. Entonces no hay mucho que decir sobre la sequía, pero sí sobre la extrañeza de estar "puesto". Que no nos engañen, podemos estar en cierto estado, pero nunca puestos. Puestos a pensar; puestos a escribir; puestos los calcetines; pero nada más. Conclusión: un viernes en la noche uno no piensa en nada más que en salir del teclado y re-conocer gente (encontrarte, pues).

abril 01, 2008

Los relojes todos van adelantados

Supongamos que el día empieza cuando la noche termina y no a mitad de ella. Las seis de la mañana son en realidad las cero horas. Déjenme entonces dormir otro ratito.

marzo 10, 2008

el lobo y el conejo

Supongamos pues, que el destino no es una persona sino un animal. Pensamos todos luego luego en un conejo al que vamos persiguiendo, un objetivo, una meta, un alcanzable. Y no. Quizá sea más bien un lobo que nos persigue siguiendo nuestras huellas y que en cualquier momento nos alcanzará. La cosa es muy distinta porque al verse perseguido, el asustadizo conejo iría eligiendo el camino, doblando sus esquinas y buscando sus resquicios; en cambio, al ser perseguidor, el implacable lobo va olfateando nuestras decisiones y buscando nuestros rastros. He ahí que la ventaja sobre el destino es nuestra: la ruta la trazamos nosotros. Y el lobo nos encontrará para comernos una vez que dejemos de andar nuestras propias veredas.