la tarde avanza y
lleva consigo al mundo
quedan los coches
septiembre 22, 2010
septiembre 09, 2010
septiembre 02, 2010
Oficio #9
Llego temprano a una esquina cualquiera (color gris cualquiera y fetidez cualquiera) y le digo algún piropo a una niña gorda. Comienza entonces mi día laboral y camino por el barrio en turno haciendo un poco de vida. Entro a una tienda y acuchillo un par de latas de refresco; sobra decir que debo salir corriendo. Escribo un falso número telefónico en una servilleta que luego abandono en un café. Le sonrío a un policía. Persigo durante cuadras a una pareja de viejos; cuando llegamos a su casa les ofrezco ayuda con las bolsas del mercado. Subo al taxi justo antes de que lo haga quien le hizo la parada y me bajo unos metros adelante. Tiro en alguna jardinera de difícil acceso un billete de cincuenta o cien pesos (parte de los gastos de viáticos). Finjo reconocer a gente desconocida y lo saludo; finjo indignación porque no me reconocen. Regreso a la esquina de la niña gorda justo a tiempo para piropear a su papá que la recogió de la escuela. Y al final de mi turno me lavo las manos con gel antibacterial, tomo el metro y me voy a pasar tarjeta con la alegría de haber hecho bien mi trabajo y la firmeza de que una que otra persona tendrá algo para recordar esta noche mientras se lava los dientes; no creas que lo hago sólo por el dinero.
agosto 24, 2010
Animales alborotadores
a Majo
Supón ahora que cada pelotita la puedes tomar con dos dedos y de pronto estar dentro de ella; recordar, pues. Eso no implica que la inmensidad exterior haya desaparecido; en algún momento saldrás a ella otra vez y de regreso a esa hoja en blanco te sentirás solo (o sola, suponiendo que seas mujer).
Pero la mente no sólo contiene el montoncito de recuerdos. Seguramente ya viste por allá, a lo lejos, un montoncito de ideas que parecen frijolitos; más para acá, al girar el cuello, una montaña de prejuicios; del otro lado se acumulan ciertos lazos... de pronto la mente ya no parece tan inmensa aunque lo sea.
Y pasa, así de pronto, revoloteando uno que otro deseo. (La frecuencia de estos animales alborotadores de la mente dependerá de cada quien, supongo yo.) Pasan volando por sobre nosotros y cagando sobre las canicas de uno u otro bulto y supongo que es normal: los sueños nos desasosiegan, nos empañan los recuerdos, hacen nidos entre las ideas germinándolas y en general alborotan todo. Son la vida dentro de esa parsimonia de paisaje.
agosto 18, 2010
Fenilcetonuria
Repelente de insectos
para la niña
para no tener que tener el cruel contacto
con espejismos del paleozoico
; bloqueador solar con resistencia
al agua de mar de lago y al bendito cloralberca
(que nos mantiene lejos del monera)
.
La niña le pregunta si él de niño usaba goggles
paleta helada entonces para ella
: es un premio a su curiosidad y más aun
un freno
.
Efervescentes de vitamina ce
para la niña luego de lo frío
, mientras él piensa que dentro de unos meses
le explicará lo de la capa de ozono:
— hija, nada es como antes…
Ya entrada la noche, la niña en el sueter
es hora del lactobacilo y
por qué no, una galleta
; y una sonrisa suave de la niña
por el sabor del aspartame
.
para la niña
para no tener que tener el cruel contacto
con espejismos del paleozoico
; bloqueador solar con resistencia
al agua de mar de lago y al bendito cloralberca
(que nos mantiene lejos del monera)
.
La niña le pregunta si él de niño usaba goggles
paleta helada entonces para ella
: es un premio a su curiosidad y más aun
un freno
.
Efervescentes de vitamina ce
para la niña luego de lo frío
, mientras él piensa que dentro de unos meses
le explicará lo de la capa de ozono:
— hija, nada es como antes…
Ya entrada la noche, la niña en el sueter
es hora del lactobacilo y
por qué no, una galleta
; y una sonrisa suave de la niña
por el sabor del aspartame
.
agosto 05, 2010
junio 11, 2010
Casa abandonada
No hay nadie nunca, nadie contesta y nadie atiende la puerta: mi vida es una casa abandonada desde hace un tiempo; en mi sala de estar ya nadie está. A veces viene alguien y toca el timbre o tira piedritas a la ventana. Yo, desde la casa vecina observo. como nadie atiende, el que llamaba se aleja, volteando hacia atrás de cuando en cuando.
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