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mayo 03, 2012

Cuentos mínimos en Twitter


Continuamente se sumergía en un vaso de agua; nunca se ahogó.


El insomne pudo más que la pila de la computadora, por lo que sintió una incierta mezcla de pesar y orgullo.


"Siento que ya he pasado por esto", se dijo la mariposa cuando la araña comenzó a envolverla con su baba.


Se asomó al espejo y todo estaba igual. Nada interesante que generara un microcuento.


—Doctor, ¿pero me voy a morir?
—Eventualmente.


La troné porque nunca, por más embotellamento, se cambiaba de carril; me dio miedo que me aburriera.


Se querían mucho, pero con el paso de los daños se perdió el amor.


El wey me invitó y me dijo: "Neto, trae a quien quieras". "No, ojalá pudiera llevar a quien quiero" le contesté con voz muy tímida.


No hay presencias sin ausencias. Las dos lo sabían y por eso se alternaban para entrar y salir de esta tierra antártica que es mi compañía.


Se asomó al interior de quien estaba enfrente con ganas de encontrar algo. Cerca, ojos en primer plano. Nada, sólo ojos.


Un buen día por fin le crecieron dientes y, mordiendo el pie de quien lo usaba, escapó. Volvió al río a intentar ser cocodrilo otra vez.


Este contrabajista soleaba tan mal que su banda le hacía literal el típico "tírate del puente".


De niño un taxista me advirtió: Tú debes ser tu único ídolo. Pensé: No mames.
Hoy sé que yo era ingenuo... ¡pedirle a un taxista que no mame?


Entonces el personaje de este cuento lo leerá en su timeline y dudará de si él es el protagonista o lo suyo es mero egocentrismo.


Pero cada trago de esa agua le producía más sed. Así que antes de irse, orinó en la fuente de la eterna juventud.


La señorita se ofendió con mi ofrecimiento, pero el letrero clarito decía: "se vende trato directo".


Entonces le dije: eres más feo que un refri por detrás. Justo hizo un silencio la música en el bar. Ahora tendré que pagar la cuenta.


-¿En qué momento nos volvimos tan aburridos? -Tú, cuando te propusiste predecir el futuro; yo, cuando lo lograste. -Sabía que dirías eso.


"No sé, no ha sido el mejor año de mi vida" dijo. Volteó a los lados y no había nadie, así que lo tecleó lentamente y lo tuiteó.

noviembre 22, 2010

Araña que teje

Me gusta cuando las tortillas se inflan en el comal y tenía ganas de comentárselo a alguien, pero no hay nadie aquí. Nunca hubo nadie, siempre he estado sola. Vivo con gente, sí, pero estoy sola. También me gusta ver por la ventana, cuando el humo del fogón lo permite, a la araña formando su tela entre las ramas del cedrillo. Y me gusta este olor que no sé si viene del adobe o de la milpa, pero llega siempre después del rocío. Si me dieran a elegir, quisiera aprender geometría para dibujar tortillas y telarañas con el compás y quizá me daría gusto ya no estar sola. No sé.

noviembre 05, 2010

Al final los ideales

Siendo adolescente se compró una idea. En la vejez aún trata de colocarla en alguna venta de cochera, sin éxito hasta hoy. Parece obsoleta: es de darle cuerda y no trae wifi incorporado; pero viene acompañada de un trompo de tronco y clavo. Me la llevo.

septiembre 02, 2010

Oficio #9

Llego temprano a una esquina cualquiera (color gris cualquiera y fetidez cualquiera) y le digo algún piropo a una niña gorda. Comienza entonces mi día laboral y camino por el barrio en turno haciendo un poco de vida. Entro a una tienda y acuchillo un par de latas de refresco; sobra decir que debo salir corriendo. Escribo un falso número telefónico en una servilleta que luego abandono en un café. Le sonrío a un policía. Persigo durante cuadras a una pareja de viejos; cuando llegamos a su casa les ofrezco ayuda con las bolsas del mercado. Subo al taxi justo antes de que lo haga quien le hizo la parada y me bajo unos metros adelante. Tiro en alguna jardinera de difícil acceso un billete de cincuenta o cien pesos (parte de los gastos de viáticos). Finjo reconocer a gente desconocida y lo saludo; finjo indignación porque no me reconocen. Regreso a la esquina de la niña gorda justo a tiempo para piropear a su papá que la recogió de la escuela. Y al final de mi turno me lavo las manos con gel antibacterial, tomo el metro y me voy a pasar tarjeta con la alegría de haber hecho bien mi trabajo y la firmeza de que una que otra persona tendrá algo para recordar esta noche mientras se lava los dientes; no creas que lo hago sólo por el dinero.

mayo 17, 2010

A Different Blues

Tenía una catarina sobre el hombro, la observé varios minutos y al poco rato voló. Eso fue hace muchos años, por lo menos quince, y lo recordaba ayer por la noche mientras tenía sobre los muslos un gato acurrucado que con su ronroneo me traía a la mente, antes que la catarina, la mano de una niña que en la escuela primaria tomaba la mía trémula, traviesa y discretamente.

Pero el gato se fue como se van los gatos cuando quieren y me dejó con los ojos llorosos no de tristeza sino de alergia leve, casi imperceptible y sin embargo presente como el olor picante del aire acondicionado; recordándome entonces el deshielo de la mano de aquella niña que en cuarto de primaria tocó a la puerta de mi infancia. Las imágenes mentales se encimaban una sobre otra y sólo se borraron con el sonido emitido por el auricular del teléfono al devolverlo a la base. Todo se borra.

Seamos más claros ahora que estamos sobrios: ella tiene cinco años menos que yo y mucho más fe en las cosas. Tiene también un gato y un teléfono en su departamento; un refrigerador, una cama y una predilección por caminar descalza. Sobra decir que posee más cosas pero resultan irrelevantes por ahora.

Diría que anoche tomamos lo suficiente, pero cuando yo bebo lo suficiente la gente dice que es mucho. Estábamos, digámoslo así, borrachos los dos en su departamento como cualquier jueves por la noche. Habíamos logrado escabullirnos del Mixup con un par de discos robados y para celebrarlo pedimos pizza. Cuando sonaba “Violin Green” de Apple Juice Kid, comencé a limpiar un poco de hierba sobre la cama y ella se levantó para sacar del refrigerador un par de montejos.

Antes de que volviera a la cama sonó el teléfono y, como es de suponerse, contestó de mala gana. Mientras ella hablaba y en el estereo comenzaba a sonar “Masco”, tuve que hacer maniobras con el guato porque el gato saltó sobre mí. Yo sabía que del otro lado de la línea alguno de sus ---- le reclamaba a gritos porque ----. La llamada la estaba lastimando.

Tardó mucho al teléfono así que encendí el porro. Fue entonces que pasó lo del gato y la catarina y la mano escurridiza. Todo se borra pero deja una estela, una turbulencia. Con el click del colgar telefónico volví y la vi ahí, parada al centro de la nada, pálida y semidesnuda. Cuando le corrí el porro fue que flaqueó y empezó su llanto, su moqueo, su tartamudeo y mi silencio. La trompeta de Miles no ayudó más: el disco había terminado.

Es momento de dejar de ser claros, ahora empiezo a dejar de sentirme sobrio y no sé, pero ojalá nunca le hubiera conocido esa expresión desconsolada. Mocos y comisuras enrojecidas. La cosa es que ni siquiera traté de entender lo que ella balbuceaba porque supe de inmediato que no quería verla más. Tomé mi ropa y lo quedaba de droga; la besé tiernamente y luego, de un tirón, la aventé en la cama; me vestí sentado en una orilla sin decir palabra; antes de salir del departamento alcancé a decirle que el disco era un regalo; y cuando me crucé con el pizzerito en la entrada del edifico no pude más que dibujar una sonrisa: ella no tenía ni un peso.

abril 16, 2010

Acuarela sobre papel de china

Todo esto es por un gato. Yo lo imaginé primero así solito y en mi mente era azul con verde. Sabes bien que con el verde siempre he sido exigente, así que el de su pelaje no era un bandera o pistache o perico, era aqua. Los dos colores se mezclaban bien y al cerrar los ojos y concentrarme veía incluso cómo se alternaban y había algo de tornasol en ellos. Tenía además nuestro gato, que por ese entonces era mío solamente, dos hileras de dientes tan blancos como el blanco de esta pantalla y los mostraba orgulloso sin sonreír pero sin amenazar, caminando con la cola erguida hacia adelante y siempre sobre fondo rojo.

Me hubiera gustado entonces ser pintor para plasmar el cuadro aunque, apenas abrir los ojos, la imagen se desvanecía; se desvanece. Los vuelvo a cerrar y aparece ahora una mano tuya, una zurda que recorre con sus dedos desde la nuca hasta la cola. El aqua y el cian del gato se altera por el blanco floral de tu piel. Todo su cuerpo se altera, se eriza, ronronea, disfruta.

Me doy cuenta entonces de que te extraño gracias a un felino que ahora ya es nuestro. No me decido a abrir los ojos porque sé que te irás y realmente estoy disfrutando esa frontera rosa, vibrante, que se ha creado entre la imagen de tus dedos y el fondo rojo; esas fronteras todas que ha creado siempre tu piel para asombro mío. Tu cara no la veo con estos ojos cerrados, sólo tu mano; el gato huye y queda tu mano chica como siempre, de dedos chatos y rollizos, de uñas cortas, de lindo calor, de lindo sudor; tu cara no la veo: no surge la increíble combinación de rubor lavanda y destellos dorados que tu cara me brindaba.

Vuelve el gato a buscar tus caricias y tu cara nunca apareció. Entiendo entonces, por un verdeazulado con fondo rojo, que ya no te amo pero sí te extraño. Quiero verte también con los ojos abiertos.

octubre 18, 2009

Dolor lumbar

Cada vez que los comerciales interrumpen la película le hormiguean los pies y se revuleve entre las sábanas desesperado. No es por interés cinematográfico: son unas putas ganas de tirarse de la cama sin meter las manos, de azotar en el suelo duro y frío una cabeza que no deja de darle vueltas al asunto, de llorar un poco. Si pudiera hacerlo, la imagen sería poética y patética: la camara se sitúa en una esquina del dormitorio a ras de piso y enfoca en primer plano su cabeza que suelta por fin una lágrima; al fondo, la pantalla muestra la secuencia de una linda asiática feliz entre flores y destellos donde todo es levedad. Flower by Kenzo.

Pero no azota ni logra concluir sus pensamientos. Para bien o para mal, duran poco los anuncios en la televisión pagada y agradece su propia capacidad de receptor porque adentrarse en cada escena le resulta fácil. Mientras no interrumpen nuevamente los comerciales, su mente descansa porque él mismo ya no es él sino Jason Bourne. Entonces la lágrima que no logró salir va a dar al riñón y se acumula.

Por la mañana lo despiertan las revoluciones en su cabeza. Apaga la televisión porque odia los noticieros.

septiembre 21, 2009

Paso de baile

Alguien puso la nota justa en el momento; los colores y la luz tan solidarios; la armonía. Y con la mirada sobre los hombros de ella, él se vio a sí mismo un poco por dentro. No fue tanto un mirarse las ideas o las tripas como un sentirse ahí: vibrante, vivo, afortunado. Alguien puso el golpe en los tambores; la palabra y el timbre tan propensos; la ventaja. Y con la respiración de ella entre las cejas, él notó por un momento sus esencias. Las de ambos distintas pero fugazmente afines: inmediatas. Luego vino el momento de girar.

septiembre 09, 2009

Noche

a Sofi
Apenas me mantengo despierto por las tardes, depués de comer. Todo es tan pesado entonces, todo tan tristemente feliz, todo tan nada. // Un tiempo trabajé junto a una calle empedrada bajo una ventana por la que el sol se filtraba y me cerraba los ojos; sólo me sacaba de mi somnolencia el pitar del afilador. Soñaba por ese entonces una historia recurrente que tenía que ver con pasto. Algo de pasto en el pasto sobre elpasto entremetrosdepastoenunahojadepas... // Habitualmente no recuerdo mis sueños. Dicen que al ver por la ventana luego de despertar, uno los olvida. // Apenas consigo conciliar el sueño por las noches, después de cenar.

agosto 07, 2009

palíndromos para el núm. 29 de Picnic

Discusión entre el cliente inconforme con el aparato y el vendedor

—Rotomotor
Si de pelo le pedís:
"Aparato: rota, rapa."
Acaso saca
lata fatal.

—no le pasa, pelón.

—Se atora, navaja vana. Rota es.
Debed
odiar ese Rotomotor, ese raído.

—O no le use. ¿Suelo? ¡no!

—No lata, sí pisa (talón).
Allá, finado, no da ni falla.



Discusión entre la máquina y el estudiante que la aprende a usar

–Yo soy
cámara para Mac,
no nací Canon
y no sé de Sony.
A lo suyo doy uso, la
luz azul
yo del ocaso saco. Le doy
(¿será?) luces seculares
y oro y...

–Sólo das la falsa. Dolos.
La UNAM usa su manual,
la nota atonal
resa: a vaso roto, foto rosa va a ser.

–Leí: fajo roto, foto roja fiel
ni fotones o pose noto. Fin.

mayo 27, 2009

Pudo haber sido

Decir que no hizo frío en toda la noche implica contar la historia desde el punto de vista de él, ser subjetivo. Pero yo quería ser objetivo y que ustedes escuchen solamente hechos. Decir, por el contrario, que de pronto la brisa nocturna le enfriaba el cuello o las orejas implica contar la historia desde el punto de vista de ella. Digamos entonces que él no sintió frío en toda la noche y ella sólo por momentos y a causa del viento. Y quizá nos equivoquemos al decir esto porque, como se verá, él tuvo un frío distinto ya entrada la madrugada.

Las cosas pasan así durante la noche: él llega a la fiesta de su terraza con retraso y ella ya está ahí, pero la descubre de entre la gente tiempo después. Tardan menos de ocho segundos en reconocerse, pero más de cuatro. Mal augurio.

Una vez que se han reconocido podemos usar sus nombres. Tomás se acerca, ambos sonríen y se besan en la mejilla. El olor de Mayra no ha cambiado en estos ochos años de ausencia y él lo reconoce con placer. Ella, por su parte, nota en Tomás un olor a tabaco que antes no estaba y que le agrada. Le explica qué hace ahí, cómo es que llegó. Él no explica nada, es su casa. Pasan varias canciones y varios tragos. Tomás bebe whisky y Mayra alterna el vino con el refresco de toronja pero conforme avanza la noche la frecuencia del tinto es mayor. La música también alterna. Va del electrojazz al lounge y a una especie de rock indie tranquilo; Mayra quiere bailar pero con esa música le es imposible.

Platican, toman y fuman juntos, ríen y se rozan de vez en cuando. Tomás piensa que se atraen tanto como antes; luego piensa que ella le atrae más ahora. Mayra no piensa mucho en eso pero se siente bien con él y le agrada haberlo encontrado; sonríe, por ejemplo, cuando ambos se descubren tarareando la canción en turno y cuando observa que los dos hurgan en los botaneros para evitar las aceitunas negras y prefieren las verdes o los canapés de gruyère. Tomás no nota estas cosas pero sí el anillo de compromiso que ella trae en la mano izquierda y nota también la forma de los senos de Mayra bajo el delgado poncho de alpaca.

En cierto momento él va al baño y aprovecha para enjuagarse la boca y arreglar su peinado. Ha tomado pero no se siente borracho, está contento y piensa que lo de ellos pudo haber sido, que si Ana no hubiera llegado a su vida para robarle el corazón por un par de años que duró lo suyo, pudo haber sido.

Curiosamente es Mayra quien lo dice. “Lo nuestro pudo haber sido algo lindo”, comenta casualmente mientras con la mirada busca a un camarero. Tomás asiente pero con la misma indiferencia de tres minutos antes, cuando estuvo de acuerdo en que el DJ es bueno pero la fiesta es demasiado pretenciosa. Fue al salir el tema de lo aburrida que resultaba la terraza en una business party cuando coló una frase de invitación a un lugar más cómodo; mintió y dijo que sentía algo de frío y Mayra aprovechó para decir lo de que pudo haber sido pero las cosas no se dieron.

En cierto momento ella va al baño y él aprovecha para saludar a una amiga de la compañía productora donde trabaja, una argentina con la que ha salido y a la que desde hace tiempo quiere invitar a la playa. Mayra sale del sanitario con el maquillaje sutilmente retocado. Tomás hace las debidas presentaciones y en cuanto la argentina se separa de ellos toma de la mano a Mayra y nota que no trae el anillo. No puede evitar esbozar una sonrisa, apenas perceptible, que Mayra alcanza a interpretar. Es el instante del frío para Tomás, siente que esa sonrisa lo ha delatado y queda atónito esperando algo. Ella también se nota alterada y dice que se quitó la sortija para lavarse las manos pero no se la pone.

Hablan un rato sobre el ausente fiancee de Mayra: es un internacionalista con un gran gusto por la literatura, así que le ayuda con objetivas críticas a la poesía que ella escribe. Tomás quiere que le recite uno de sus poemas y Mayra obviamente se niega pero lo invita a la próxima presentación de su más reciente libro. Será en el consulado… Por fin suena algo de latin jazz; ninguno de los dos reconoce la canción pero ambos se alegran por la esperanza de que la fiesta se anime.

Permanecen abrazados largo tiempo, hablando de nada. Ambos están borrachos (ella más) y saben que lo lógico sería terminar cogiendo pero no lo harán. Desde la terraza verán un amanecer que, objetivamente, será igual al diario salir del sol pero lo juzgarán muy lindo y repetirán el adjetivo varias veces. Tomás dejará de abrazarla cuando los últimos invitados comiencen a retirarse y la argentina lo invite desde la sala con una sugerente mirada; dejará de abrazarla pero no se moverá todavía. Se besarán en la boca, un beso tierno y pequeño. Mayra entonces sacará de su bolso el anillo y se retirará jugando con él mientras piensa: “Pinche puto”.

Cuando Tomás se acerque a mí y me de su vaso casi vacío indicándome con un movimiento de mano que podemos comenzar a recoger todo, lo escucharé en voz muy baja: “Pinche vieja apretada”.

mayo 05, 2009

el extra

Luego de una lenta reflexión y de ver muchas películas de Hollywood, cayó en la cuenta. Su vida era la de un extra que se interpone con su automóvil en la persecución y, sin haber mostrado la cara a la cámara siquiera por un instante, su papel termina con el radiador explotando y los vidrios rotos. La cámara sigue a los buenos y a lo lejos, en un intento por llamar la atención, el auto del extra explota.

mayo 01, 2009

común vs corriente

Consolar es algo que el hombre común no sabe hacer, para poder dar consuelo se necesita llevar sufrimiento y algo de maldad dentro del cuerpo. Así que cuando ella empezó a llorar en mis brazos esperando consuelo y cuando era el momento justo para que yo dejara de ser común y me volviera patán y sacara jugo de sus lágrimas y aprovechara sus debilidades y la consolara... bueno, creo que a mitad de la noche llegó un amigo de esos que no son tan comunes. Yo me terminé la botella de vodka mucho después de terminar el agua quinada.

marzo 22, 2009

Festivales infantiles

a Chiquilín

- Pues sí comadre, la cosa es que mi marido es bien pinchi marro el cabrón. No es mi culpa. El wey me dijo que nomás no iba a aflojar para otro disfraz, que la crisis, que la chingada. Total que el niño fue vestido de conejito al festival de la primavera de la escuela a finales del mes pasado y con un par de puntaditas que le hice en el trajecito quedó re chulo pa ir de burro ahora que es el día del niño... A ver, alcánzame el Roma; hay que apurarle con esta ropa que se nos va el sol.

- Aistá comadre... Bueno, sea como sea las orejitas son largas. A ver qué se le ocurre ahora pal día de las madres. ¿Sabe usted, comadrita, qué sale de la cruza de un burro y un conejo?

- No, manita...

- Pues los ojos del conejo... A ver, el Roma por favor.

diciembre 14, 2008

Gula en tres tiempos

Está, por ejemplo, el caso del niño que entraba al cine para comer sin importar la película o la hora. Todos sabemos que las mejores palomitas son las que se disfrutan viendo Star Wars. Bueno, el niño creció, se volvió astuto y carga con una bolsa vacía porque sabe que las rellenan. Ni entra a la sala: recarga su bolsa y se va; tiene un plan de rotación entre las salas de la zona para no ser descubierto; sonríe cada vez; pero extraña la mezcla salada-dulce de unas palomitas con el arranque del De Lorean; come por nostalgia realmente.

*

Realmente mi desordenado y excesivo apetito musical tiene su origen en la envidia, porque no soportaba que algunos amigos tuvieran más discos que yo. Me convencí por vanidad cuando las chicas me miraban aleladas ante mi gran discoteca. Pero empecé a disfrutarlo en la soledad y a obsesionarme. Cambié los cedés por un disco duro primero, un iPod después, todas las mañanas sincronizaba las descargas de la noche y el reproductor comenzó a engordar y yo también porque dejé de salir a la calle para bajar más canciones. Desde que no me cierran los pantalones visto con bata de baño y como nadie me visita todo me da igual, he perdido el criterio (salto de Los Utrera a Alizé). Han dejado de saciarme las playlist por género, ahora uso el shuffle: “Al cabo —me digo— todo va a revolverse en mi cabeza”. Comienza sonando una guitarra y yo salivo pero como el disco duro ha excedido su límite se traba la canción, me cuesta trabajo respirar si no se reanuda pronto con la batería o la soprano o el synthe y cuando de plano el iPod se pasma aprovecho para digerir mientras lo veo: pantalla sudada, a reventar, obeso.

*

Obeso como era, igual conquistaba a las mujeres. Y en verdad lo merecía: para conquistar a una víctima la cortejaba tanto que, eventualmente, ella accedía a cualquier petición. Pero él entonces se conducía lento y formal pues lo que más saboreaba eran los dedos de novia en las lunas de miel.

Esta serie de microcuentos que escribí salió publicada hace unos días en el número de diciembre de la revista
Picnic.

noviembre 25, 2008

Oficio #6

En el fondo del vaso hay un dedo de niño, haz terminado de tomar el oscuro refresco y es entonces que lo descubres. Por la mañana despiertas y notas que tus piernas ya no están desnudas sino envueltas en cinta canela que pega perfectamente sobre cada uno de los vellos. Luego de varios días de percibir cierto aroma en el agua de la regadera y los lavabos, te asomas al tinaco y encuentras restos de ¿dos? gatos que lo enturbian todo. Razgas la envoltura y sacas el primer condón del paquete, entonces ambos notan que está embadurnado con merthiolate; al abrir el segundo vuelan moscas; el tercero lo dejan intacto y mejor se visten.

Cuando te asalta la primera duda, cuando comienzas a preguntarte si en verdad mereces todas estas cosas que la mala suerte te ha traído, yo recibo mi pago: mi tarea está completa. Lo siento por el niño y por los gatos.

noviembre 09, 2008

Repeticiones

Supe que esto iba mal desde el principio, desde que comenzaron con las repeticiones instantáneas en las pantallas de los estadios. Disposiciones de la FIFA para favorecer a las refresqueras, pero argumentando una mayor diversión para los espectadores.
El gremio arbitral se quejó: un mejor sueldo los silenció fácil; los cronistas y aficionados más románticos se quejaron: tildarlos de conservadores, retrógradas, rancios, los calló rápidamente; los jugadores, como siempre, nos quedamos callados.
Pero para las refresqueras no fue suficiente negocio tener más cortinillas para anunciarse. Pronto los partidos se alargaron, cada vez que algo merecía una repetición se detenían las acciones. Y cuando eso no fue suficiente llegamos a lo de hoy: todos los jugadores estamos obligados a repetir las jugadas memorables, dudosas, polémicas o cómicas. Se nos exige un alto grado de destreza y una memoria fotográfica, mas no criterio. Si el público aclama nosotros repetimos la jugada, la volvemos a jugar; ya alguna vez un lesionado se levantó del pasto para volver a recibir la falta; a otro le limpiaron la sangre para lograr una repetición de calidad.
Nos notamos nerviosos en la cancha, preocupados por retener cada detalle de cada jugada por si hay que ejecutarla varias veces. Y casi me da rabia, pero también orgullo, aceptar que hoy yo pasé a la historia como el primer jugador expulsado por negarse a repetir una acción. Ya lo había hecho muchas veces antes, repetir el teatrito, fingir una sonrisa, un grito, la sorpresa de un gol o de un pase perfecto, pero nunca (que resuene por siempre este nunca) me pidan otra vez que repita un autogol. Lo hice una vez con la tristeza y la humillación a flor de piel; lo hice la segunda con lágrimas en los ojos; a la tercera me negué. Prefiero la roja, las regaderas.

Marzo 2005

Me encontré este textito, sobre el que Laia comentó (en ese entonces) que era de lo peorcito que yo había escrito. Con suerte ya tengo muchas cosas peores.

septiembre 20, 2008

Amsterdam

Salió una mañana rumbo al trabajo; llegó sin problemas en su auto nuevo chino; después de dar las acostumbradas vueltas a la colonia, cuando logró estacionarse y apagar el motor, se dio cuenta de que era un atardecer tranquilo; le gustó el silencio; respiró hondo y encendió el motor; llegó sin problemas a su casa; dejó escapar una sonrisa cuando encontró el cajón del estacionamiento vacío.

julio 04, 2008

Oficio #5

Me pagan por eso, no hay más explicación. Es así que te observo en la noche y apunto tus movimientos. Avanza la noche y con ella la luna y con ella la luz a través de tu ventana y yo tomo registro en mi bitácora de observaciones: "Ha movido el pie izquierdo" escribo, "recogiéndolo un poco más de manera que la posición fetal que ya tenía se ha acentuado y el peso del cuerpo recae aún más sobre el seno y el cachete derechos".

Mucho antes que yo se va la luna. Se van los ruidos y llegan otros. Comienza el día y todo es más fácil para mí y mis ojos. Ya al final desaparezco y, si fui descuidado, queda un poco de viruta de lápiz en el suelo, al pie de la cama. No preguntes, me pagan por eso.

mayo 20, 2008

Renacuajos

Sigue lloviendo. Estamos a punto de salir de casa de la abuela hacia donde la tía, que nos espera para comer. Yo estoy con la computadora encerrado en el baño y mientras escribo esto trato de ocultar los renacuajos que siguen saliendo de la pantalla de mi MacBook. Sigue lloviendo y en la ciudad todo es charco. Pero no hay tanto problema, mientras logre dirigir el brinco de los renacuajos directo al escusado todo estará bien. Mi abuela toca a la puerta del baño y yo respondo que ahí voy, pero nada de eso, sigo apuntando al retrete y esperando que dejen de brotar. Ojalá lleguemos a tiempo para cenar.