En el fondo del vaso hay un dedo de niño, haz terminado de tomar el oscuro refresco y es entonces que lo descubres. Por la mañana despiertas y notas que tus piernas ya no están desnudas sino envueltas en cinta canela que pega perfectamente sobre cada uno de los vellos. Luego de varios días de percibir cierto aroma en el agua de la regadera y los lavabos, te asomas al tinaco y encuentras restos de ¿dos? gatos que lo enturbian todo. Razgas la envoltura y sacas el primer condón del paquete, entonces ambos notan que está embadurnado con merthiolate; al abrir el segundo vuelan moscas; el tercero lo dejan intacto y mejor se visten.
Cuando te asalta la primera duda, cuando comienzas a preguntarte si en verdad mereces todas estas cosas que la mala suerte te ha traído, yo recibo mi pago: mi tarea está completa. Lo siento por el niño y por los gatos.
noviembre 25, 2008
noviembre 21, 2008
noviembre 11, 2008
noviembre 09, 2008
Repeticiones
Supe que esto iba mal desde el principio, desde que comenzaron con las repeticiones instantáneas en las pantallas de los estadios. Disposiciones de la FIFA para favorecer a las refresqueras, pero argumentando una mayor diversión para los espectadores.
El gremio arbitral se quejó: un mejor sueldo los silenció fácil; los cronistas y aficionados más románticos se quejaron: tildarlos de conservadores, retrógradas, rancios, los calló rápidamente; los jugadores, como siempre, nos quedamos callados.
Pero para las refresqueras no fue suficiente negocio tener más cortinillas para anunciarse. Pronto los partidos se alargaron, cada vez que algo merecía una repetición se detenían las acciones. Y cuando eso no fue suficiente llegamos a lo de hoy: todos los jugadores estamos obligados a repetir las jugadas memorables, dudosas, polémicas o cómicas. Se nos exige un alto grado de destreza y una memoria fotográfica, mas no criterio. Si el público aclama nosotros repetimos la jugada, la volvemos a jugar; ya alguna vez un lesionado se levantó del pasto para volver a recibir la falta; a otro le limpiaron la sangre para lograr una repetición de calidad.
Nos notamos nerviosos en la cancha, preocupados por retener cada detalle de cada jugada por si hay que ejecutarla varias veces. Y casi me da rabia, pero también orgullo, aceptar que hoy yo pasé a la historia como el primer jugador expulsado por negarse a repetir una acción. Ya lo había hecho muchas veces antes, repetir el teatrito, fingir una sonrisa, un grito, la sorpresa de un gol o de un pase perfecto, pero nunca (que resuene por siempre este nunca) me pidan otra vez que repita un autogol. Lo hice una vez con la tristeza y la humillación a flor de piel; lo hice la segunda con lágrimas en los ojos; a la tercera me negué. Prefiero la roja, las regaderas.
Marzo 2005
Me encontré este textito, sobre el que Laia comentó (en ese entonces) que era de lo peorcito que yo había escrito. Con suerte ya tengo muchas cosas peores.
El gremio arbitral se quejó: un mejor sueldo los silenció fácil; los cronistas y aficionados más románticos se quejaron: tildarlos de conservadores, retrógradas, rancios, los calló rápidamente; los jugadores, como siempre, nos quedamos callados.
Pero para las refresqueras no fue suficiente negocio tener más cortinillas para anunciarse. Pronto los partidos se alargaron, cada vez que algo merecía una repetición se detenían las acciones. Y cuando eso no fue suficiente llegamos a lo de hoy: todos los jugadores estamos obligados a repetir las jugadas memorables, dudosas, polémicas o cómicas. Se nos exige un alto grado de destreza y una memoria fotográfica, mas no criterio. Si el público aclama nosotros repetimos la jugada, la volvemos a jugar; ya alguna vez un lesionado se levantó del pasto para volver a recibir la falta; a otro le limpiaron la sangre para lograr una repetición de calidad.
Nos notamos nerviosos en la cancha, preocupados por retener cada detalle de cada jugada por si hay que ejecutarla varias veces. Y casi me da rabia, pero también orgullo, aceptar que hoy yo pasé a la historia como el primer jugador expulsado por negarse a repetir una acción. Ya lo había hecho muchas veces antes, repetir el teatrito, fingir una sonrisa, un grito, la sorpresa de un gol o de un pase perfecto, pero nunca (que resuene por siempre este nunca) me pidan otra vez que repita un autogol. Lo hice una vez con la tristeza y la humillación a flor de piel; lo hice la segunda con lágrimas en los ojos; a la tercera me negué. Prefiero la roja, las regaderas.
Marzo 2005
Me encontré este textito, sobre el que Laia comentó (en ese entonces) que era de lo peorcito que yo había escrito. Con suerte ya tengo muchas cosas peores.
octubre 31, 2008
octubre 27, 2008
mente en blanco
La cosa es que cuando el futbol falla, uno no sabe escribir ni salen las palabras. Pero si el sábado empatamos cerocero, el domingo empataron los Pumas con diez Indios y hoy ni nos acompletamos, el jueves nos dará otra oportunidad.
octubre 22, 2008
Las cajas de Zucaritas
son más grandes cada vez. Nos preguntamos en la mesa por la cantidad diaria de toneladas que se producirán del afamado cereal. No sabemos; yo sólo sé que, cuando he visto las cantidades industriales y a granel de ese tipo de cosas, no se me antojan. Luego nos fijamos más y vemos el concurso: Gana un Hummer registrando tu ticket de compra.
(Hummer merece texto aparte.)
Como no nos gusta tener el mal gusto de tener un Hummer pensamos que, de ganarlo y venderlo, podríamos enganchar un departamento (H2-09 cuesta unos 800mil pesos, H3-09 unos 430mil). Luego nos preguntamos por la cantidad de datos que nos pediría Kellogs al momento de registrarnos para el sorteo. Los datos se venden bien. Así que termina la cena y todo quedó en idea nada más.
Ahora me pregunto por la cantidad de toneladas virtuales (H2 pesa 4 ton. reales) de datos personales que corren por la red, listos para que el mejor postor sepa mi perfil consumidor y pueda hacer productos más comerciales. Paranoia aparte: la maquinita funciona.
(Hummer merece texto aparte.)
Como no nos gusta tener el mal gusto de tener un Hummer pensamos que, de ganarlo y venderlo, podríamos enganchar un departamento (H2-09 cuesta unos 800mil pesos, H3-09 unos 430mil). Luego nos preguntamos por la cantidad de datos que nos pediría Kellogs al momento de registrarnos para el sorteo. Los datos se venden bien. Así que termina la cena y todo quedó en idea nada más.
Ahora me pregunto por la cantidad de toneladas virtuales (H2 pesa 4 ton. reales) de datos personales que corren por la red, listos para que el mejor postor sepa mi perfil consumidor y pueda hacer productos más comerciales. Paranoia aparte: la maquinita funciona.
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